De los errores históricos que cometió nuestro país con respecto al tratamiento, la condena y su reacción ante los perpetradores del mayor ataque contra la humanidad del siglo XX, el Holocausto, con el paso del tiempo fue surgiendo una corriente diferente, un compromiso distinto para recordar y concientizar a las nuevas generaciones sobre el alcance de aquella barbarie.

Durante el desarrollo del nazismo y su inmensa crueldad, con su consecuente Segunda Guerra Mundial, Argentina tuvo un comportamiento que mereció la reprobación del mundo, una daga que se clavó en el corazón de los sobrevivientes de la masacre. Es necesario expresarlo con toda claridad: fuimos empáticos con el nazismo, nos negamos a recibir judíos que huían de Europa en búsqueda de refugio y, como execrable contrapartida, el poder político de turno recibió calurosamente a numerosos jerarcas nazis después de la caída del régimen.

Los años transcurridos y la recuperación de la democracia provocaron cambios radicales en el manejo de la agenda política, en la cual las temáticas de derechos humanos pasaron a ocupar un lugar central. Hoy podemos decir que Argentina tiene un fuerte compromiso con respecto a la tragedia del Holocausto y un sostenido combate contra el antisemitismo, aspectos que la ponen en un espacio de ponderación en la comunidad internacional.

Este cambio se sustanció en varios hitos conocidos. En primer lugar, fue fundamental la decisión tomada por el ex presidente Fernando de la Rúa de que nuestro país asistiera a la Conferencia de Estocolmo, y posicionarlo como único Estado latinoamericano fundador e integrante de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA, por sus siglas en inglés). Claro que esa iniciativa no fue casual, sino el producto de acciones precedentes llevadas a cabo durante decenios principalmente por instituciones de la comunidad judía, que venían sembrando la semilla de la pelea contra el antisemitismo, muy arraigado en nuestra sociedad.

 

En ese sentido, no se puede soslayar la tarea del Comité contra el Antisemitismo; la apertura de cátedras abiertas en universidades referidas al Holocausto; el diálogo ecuménico inspirado a partir de Nostra Aetate, declaración del Concilio Vaticano II de 1965; la ley antidiscriminatoria de 1988, aprobada por el Congreso; la creación del Museo del Holocausto; la conformación en el ámbito de la Cancillería de la Comisión de Estudio de las Actividades Nazis en la Argentina (Ceana); la llegada de la Casa Ana Frank y del Centro Wiesenthal; la fundación Raoul Wallenberg; las Generaciones de la Shoá; el trabajo de la DAIA, la AMIA y las asociaciones de sobrevivientes del Holocausto en la misión de mantener la memoria; el Proyecto Testimonio de la DAIA sobre la política exterior argentina durante el nazismo; y la captura y la extradición de genocidas nazis en nuestro país como Eichmann, Schwammberger y Priebke, solo por citar algunas referencias.

Con el mismo criterio, el entonces canciller Adalberto Rodríguez Giavarini reconoció, junto a la DAIA, a los diplomáticos argentinos que, mediante la entrega de visados, salvaron la vida de muchos judíos en Europa, más allá de las órdenes que recibían del Ministerio de Relaciones Exteriores de no hacerlo.

Un tercer episodio ratifica aquel giro inalterable: Argentina ejerció el liderazgo, a través del ex canciller Rafael Bielsa, para la adopción de la resolución 60/7 de Naciones Unidas, donde se establece el 27 de enero como Día Internacional en Conmemoración en Memoria a las Víctimas del Holocausto, en recuerdo de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz. Se conmina así a los demás Estados a llevar a cabo conmemoraciones y actos que reafirmen el compromiso de sus gobiernos.

Se han producido también en estos tiempos hechos de tamaña importancia, como la inauguración del Monumento Nacional a la Memoria de las Víctimas del Holocausto y la entrega de los archivos secretos de la Cancillería Argentina de aquellos años, realizada por el presidente Mauricio Macri, cuando la reciente visita del primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu.

(Adrián Escandar)(Adrián Escandar)

Este año vinimos a Chaco a conmemorar otro 27 de enero. Queremos que estas recordaciones tengan un espíritu federal, por eso las vamos a llevar a cada rincón del país. Al pie del Monumento a la Humanidad, en Resistencia, todos juntos les rendiremos homenaje a las víctimas y los sobrevivientes del Holocausto.

Educación y memoria son los pilares fundamentales en la búsqueda de una sociedad fortalecida en valores como el diálogo, el respeto y la inclusión plural.

Hoy en Argentina la agenda de derechos humanos es una política de Estado que trasciende a un gobierno, no tiene dueños ni se aborda con una mirada oblicua que pondere a algunos derechos en detrimento de otros. Venimos llevando a cabo una agenda federal que contiene a todos los argentinos por igual. Ese es el país que soñamos y el que estamos haciendo realidad.